viernes, 4 de diciembre de 2015

Llamada

Llámame en silencio,
en el miedo.
Llámame cuando ya no quede nadie,
cuando se apague el alba,
cuando mueran mis anhelos.
Llámame entre la gente,
en el anonimato.
Llámame cuando vuelva todo el mundo,
cuando sea muy tarde,
 cuando vuelvan los monstruos de la calle.
Llámame con las olas,
con la brisa del mar.
Llámame cuando llegue la tormenta,
cuando se inunden nuestros pensamientos,
cuando nos ahoguemos en la nada.
Calla y grita,
vacío de esperanza,
lleno de grises matices.
Vive y muere,
enterrado en tus recuerdos,
sobrevolando tus posibilidades.
Llámame cuando me lleve la marea,
aunque no vuelva y ya no sea yo.
Llámame en mi partida,
aunque te duela y ya no seas tu.

domingo, 23 de agosto de 2015

Sueño a sangre

Han pasado mil años de sequía en mi memoria, mil noches de soledad baldía en un cuerpo extraño, mil amaneceres de desgana pertinente.
Hoy retomo mi tarea de comunicar a una grada vacía lo que me mueve en pesadumbre, con intención de que alguien, por error o curiosidad perezosa, afile en mis palabras lo que mis ojos ven cuando los cierro.

Son los sueños, expresiones de anhelos incesantes, los que cuestionan y ajustician lo que nos rodea sin temor. Saben que no podemos alcanzarlos, que bebemos de ellos con tanta ansia como repugnancia. Nos maldecimos por desear cosas que no podemos tener, nos las muestran sabiéndolo. Nos conocen mejor que nosotros mismos.
El sueño hace débil hasta al más valiente de los hombres: los deseos se vuelven intocables, Morfeo le deja la vaga sensación de que lo sintió, y entonces el hombre fuerte se deshace en dolor y tristeza por no poder volver al sueño del que despertó.
A veces, esos misteriosos fantasmas no son más que un recuerdo desfigurado, una serie de incongruencias que llevan a lo que de verdad espera una voz acallada por millones de prejuicios. Una persona que echas de menos pero que sabes que te hizo daño, una situación absurda y desbocada que lleva a otra más real. La mente juega con nosotros, nos da irrealidades para luego mostrarnos lo que más ansiamos, nos hace vivir el momento. Sentimos el aliento en los labios, una mirada penetrante, la sensación de estar flotando y muy en la tierra de nuevo. Nos regala una falsa ilusión que prolonga aún cuando despertamos, nos hace pensar en ese momento, revivirlo, desearlo. Y luego, en un momento, desvanece lo que era cierto en un recuerdo fabricado con tintas de colores que no existen, en un escenario inhóspito, en una anciana cubierta de gusanos que finaliza lo que queremos forzar a más.

Son los sueños, verdugos de nuestras pasiones, películas que muestran el dolor de ese día, un momento que nos hizo débiles hacia adentro. Nos atacan cuando les dejamos pasar, nos interrogan en pos de hacer bien su trabajo, uno que nadie les dio pero que asumieron por cuenta propia.
Soñamos pues constantemente, dormidos y despiertos intentando alejarnos de algo que nos duele, intentando vivir lo que en la realidad la osadía no nos permite hacer.
Son los sueños mi perdición y mi condena, mi sangre hiriente que no me deja respirar.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Espectador inusual

Claras luces sobrevuelan las murallas de los nombres que me asolan impotentes o inherentes.
Ya no caben más miradas ni más excusas en un bosque vacío que llenamos de palabras que se vaciaban conforme eran pronunciadas. No cabe amor en este desasosiego que me come ni valor para una luca sin cuartel contra tus espadas de aleación barata, para dar jaque a un rey que se protege sin demora con la vida de otros que poco le importan. No cabe nada en nuestro sueño, más que pasar a otro. No cabe quedarnos en este punto y aparte de nuestro capítulo favorito de la vida que se lleva las entrañas de una ciudad que no descansa o que, sin mayor sentido, descansa demasiado, acecha a sus cautivos esperando una hora fugaz en la lejanía.

Si se hace noche, cambia el reloj de arena que nos cuenta que se nos escapa el tiempo entre los dedos, se vuelve oscuro y negro a la luz de una luna que no llora más que verdades a voces en otro mundo u otro espacio que nadie quiere ni visita a excepción de los despojos de mi cuerpo y de mis aludes.
Nos cubre entonces un firmamento calmado y angelical, callado y justiciero que te repite en eco tus peores pensamientos, que se disfraza de mi reflejo y actúa en el escenario de mis pesadillas como un demonio tentador que me tiende la mano hacia las manzanas prohibidas que no quiero ni deseo, pero que intento que aviven algo que ya llevaba muerto mucho tiempo.

Con un nuevo amanecer se despierta el perro guardián de la torre, se pone en alerta y releva al centauro que me guarda de noche, leal a sus palabras de no venderme a cualquier postor, aunque a veces lo haga al mejor. Mi cervero es diferente, es impasible con cualquiera, y en ellos me incluye a mi y me encierra durante el día en un castillo en ruinas al que quiso llamar cuerpo con la excusa de hacerme más fuerte.

Qué pena que con todas mis memorias sólo jueguen ellos y que el espectador cada noche sea yo.

martes, 21 de abril de 2015

Luz

Se han ido de mi mente
toda cordura y sabiduría,
todo tono de melancolía,
toda llama hiriente,
toda vida inerte.
Se han ido en su compañía,
las luces,
el compás,
unas armonía,
o un baile
de marcada hipocresía.

Siento en lo estricto,
el peso de unos años,
que no son míos,
que no he vivido,
que no me llaman,
que no me seducen.
Desmiento en mis sueños
alardes de dolor,
una pena que no se va
o un corazón olvidado,
que me miente,
que me espía,
que me recubre de ironía.

He perdido los cabales
y mi sombra misma,
en una pos de un quehacer,
de una distracción pasajera,
de un tunel infinito,
de un pérdida del camino.
He perdido hasta la luz
de mis ojos prohibida,
de mis mentes cohibidas.

jueves, 26 de marzo de 2015

Pérdidas

Quiero crear en el mundo mensajes en clave de luz, que dominen el paisaje por su ausencia, que nos atrapen en mundos paralelos discordantes para comer los besos de quien no llega a perderse.
Es tanta mi utopía que no entiendo ni mi paradero ni mi meta, por ansias de correr descaradamenta a otra parte o por contra de ser quietud plena en un lugar que no conozco y dudo de necesidad. Es tanta que me quema las entrañas con fuego de clamores alegóricos que se funden en mi horizonte, que me nublan la mirada intentando confundirme con tentaciones propias de un iluso soñador que pasea en las noches de verano, que se pierde en las estrellas porque el mundo no le parece suficiente.

He querido crear, en mi pequeño mundo paralelo, un espacio acotado que se divide en mi memoria y se asemeja a un palacio señorial, sin fin en mi paseo, sin necesidad de ser un esclavo más de las dimensiones dadas, de las vistas regaladas antes de un despertar, de un último vistazo a un sueño que se acaba. A veces me creo el observador, el condenado bajo ojos invidibles que me arrastran a momentos diferentes a los que quiere mi alma. A veces soy verdugo, y me sentencio a las cadenas que no me dan tregua, que me asfixian. A veces soy el público, veo el espectáculo de mi muerte desde fuera con cierto morbo social que se irisa en los mordiscos de los segundos que me quedan.

Sé que querré llegar a ser eterea, a extender unas alas que no percibo en ninguna parte mas que en mi mente misma. No me creo en posesión de una idea, no me creo en mí.

lunes, 23 de marzo de 2015

Buscarte

Ando perdida
en los senderos de tus recuerdos,
donde no llegan los vientos
de tus mares,
de tus abrazos.
Ando perdida
en un sinfín de sensaciones
amargas y desmesuradas,
a las puertas del infierno,
de la historia de un adiós.

Me busco
cuando te vas
a escondidas,
entre las sombras,
entre los brazos de la gente,
entre las miradas elocuentes.
Me busco
en las penumbras
que me creas,
con inquietudes,
cuando prendes las velas,
cuando llamas a mi puerta.

Te encuentro
solitario y divagando,
en mis memorias,
en mis sueños,
en otros lugares,
y con otros cuentos.
Te encuentro,
enamorado,
en los brazos de la primavera,
de semblante dulce,
de rasgos mitigados,
de vida plena.


jueves, 19 de marzo de 2015

Vivaz

No veía en ti,
pasión ferviernte,
las luces elocuentes
y los fuegos danzarines
en esos ojos ajenos.
Morfeo tentador
ha dejado caer la gota,
astuta y descarada,
entre sombras de escalera
y una búsqueda apasionada.
Has tomado
sin saberlo
mis manos en tus manos,
tu sonrisa con la mía,
un destello en mi mirada.
En un salto,
entre alboroto y desmesura,
has besado una mentira,
sellada entre los humos
con los labios del suicida.

domingo, 1 de marzo de 2015

Al amor de mi vida.

Quererte
es mi vida entera,
un amor profundo
que no se consume,
que todo lo lleva a cabo,
que no se mina
y que no se rompe.

No voy a dejar
de amarte.
Ni un segundo
de este tiempo absurdo
que nos separa,
en el cuentagotas
de paciencia
de luz eterna
que nos llena,
estás tú
y tus ojos castaños,
y tus manos suaves,
y tu luz de noviembre.

Eres mi vida entera,
mi amor de cualquier época,
mi verdad,
mi estrella.
Ojala recuerdes
dónde vierto mis verdades,
las visites,
las acojas,
te desates y me abraces
como cada día,
en esta guerra finita
de ti y de mi
contra el mundo.

domingo, 8 de febrero de 2015

Quema

Cuando vemos asomar al demonio en nuestros ojos, se apagan todas las luces y sólo vemos la que debemos ver.
Es como una llama, un gran fuego indómito que te lleva por sus derroteros aunque decidas resistirte. Y te quema si decides salir, si quieres revelarte, si crees que puedes cambiarlo.
Cuando uno cree que puede jugar con fuego, se confía y se embelesa, se enamora de sus tonos, se cree elegido para el cometido de cabalgar sobre tinieblas que no conoce.
Pero cuando el fuego se cansa y quiere volver a ser el dueño, ya no hay escapatoria.

lunes, 2 de febrero de 2015

El rojo a medianoche

Cruzamos el pasillo sin mediar palabra, sólo con una sonrisa que me guiaba al desenfreno o al olvido o a todo a la vez.
Susurraba a mi ser canciones prohibidas entre las velas que se alternaban aquí y allá y se estremecían a nuestro paso, sabiendo que el calor esta noche no lo ponían ellas ni el mismisimo diablo, porque ya estabamos nosotros para tentarnos el uno al otro.
La luz ténue dibujaba mi fugura en el vaho del agua caliente que ya llenaba la bañera y me llamaba lentamente a sumergirme allí por un tiempo indeterminado. La música jugaba con mis oidos suave, cadente, con un violín que sería poco ritmo pasado el rato, pero nos daba igual.
No importaba la gente, ni los matices, ni el pelo alborotado ni el sofocante calor que me envolvía.
No importaba ya que me volviera a abrazar por la espalda, me acariciara con manos suaves y cayeran como plomos las mangas de la camisa al suelo impertérrito.
No importaba el ansia ni la sangre, ni su mirada que se había tornado en predadora de mi cuerpo.
Mojaron poco a poco cada partícula de mi cuerpo aquellas burbujas y el agua perfumada, y se apoderó de mi alguna diosa perdida para darme fuerzas, quitarme la vergüenza y dejarme enjabonar pausadamente disfrutando del hecho de que sus manos no tuvieran barreras sobre mi espalda.
Rozaba cada milímetro aún por conocer con la sensibilidad innata que le recorría, porque era su único objetivo el calentar la llama con sutileza, desesperarme en la espera de algo más.
Se me aceleró la respiración cuando decidió girarme y sentarme en sus piernas, para verme de frente y ver mis mejillas encendidas y mi cuerpo gritando guerra. La guerra estaba a punto de comenzar.
Saltaron entonces un ejército de sensaciones al encuentro de unos labios que ya eran mios, o suyos o de los dos; al encuentro del encuentro más pasional que habíamos vivido jamás.
Osó adentrarse en mi cuerpo lentamente reteniéndose a sí mismo, aunque el control ya estaba perdido y se sucedió la batalla de mis manos en su pecho y las suyas contra mi ser que ya no era de este mundo.
Caí rendida ante mi adversario con la seguridad de haber peleado bien una victoria de ambos.
Fue entonces cuando su mirada pícara me anunció que aquello sólo era una pequeña trifulca dentro de la guerra que íbamos a librar cada mañana en su cama.

jueves, 29 de enero de 2015

Ser

Son los vientos
de tu boca,
los que me llevan a perderme
en bosques rosado
y ríos de sangre fresca,
en las sábanas tendidas
que mueve el viento,
que nos sirven de escondite,
que nos refugian de miradas
y de palabras incoherentes.

Son las olas
de tus manos,
recorriendo mi cuerpo
sin tocarlo y sin quererlo,
inocentes y fallidas,
me llevan a encontrarme
en la luz de la inocencia
y la calma clamorosa
de un amor que no se aguanta.

Son las dudas
bailarinas inquietantes,
que me cesan y me censuran
a cada paso,
que me animan y me pausan,
que alteran y me destronan
de ese pedestal,
tuyo de piedra y mio de hielo,
fuego en el encuentro.

Son las palabras
que nos unen
a quemarropa y sin saberlo,
o queriendo y descarado,
desafiantes al mañana
en un intento apasionado
de comernos a besos.

lunes, 26 de enero de 2015

Línea

Línea suave y delicada,
caída al folio azul,
al mar de los diálogos
que nos separan
a ti y a mi.
Línea suave reforzada
sobre mi piel en el baúl,
mis ansias de tenerte
que me ahogan
a mi sin ti.

Línea oscura resalcida,
poder abismal,
separa mis sentidos
que te ahogan
a ti sin mi.
Línea oscura atenuada
moradora de mi alma,
cautiva del miedo
que no horroriza
ni a ti ni a mi.

domingo, 4 de enero de 2015

Melodía al viento

Caen las notas
de mis manos al piano, 
con clamor y dolor.
Cae la melodía
junto a una lágrima,
a un despertar,
de ti y de mi en la pared.

Se sucede
en el silencio elocuente,
otra nota atolondrada,
un poco desdichada,
del pensamiento oculto.
Se alborotan con estruendo
las palabras de tu alma,
a cada paso,
a cada serpiente de humo
de incienso envenenada.

Con el allegro un baile,
y en invierno una flor.
Con el forte lo esquivo
de una luz y el calor.
Una pausa y resucitas,
mueres al caer la voz.
Un dueto y me fascinas,
de tu alma mi emoción.
 

23.

En estas horas sombrías
entre el alba y mi muerte,
coloco las rosas
empapadas de tu ser
en este tendedero viejo
de lamentos y perdones.

He venido pues
a este cementerio oscuro,
sombrío y maloliente,
a llorar tus penas
y alabar tus encantos,
tus ojos de miel,
tus clamores al cielo.

Siento la inmensa suerte
de postrarme en tu tumba,
que está vacía,
que no te añora,
que no te vela,
que no te asombra;
para llorar
de pena o alegría,
o ambas a la vez,
por tu vida eterna,
por una luz lejana perdida.

Veo que te vas
vagando en este bosque,
hacia los páramos de mi presencia
donde ya no llegas,
donde no te escondes,
donde no me tocas
ni me sonries
de manera descarada,
con aires de locura
y placeres tentadores.

Veo que te asomas
por la ventana del mañana,
prometedor de otra estacada,
de las olas de tu olor,
de un beso imaginario,
o de todo a la vez.
Veo que te dejas
llevar por mis ojos cautivo,
por la corriente de mis océanos,
por las luces de mi voz.

Veo ir tu miedo
al que no alcanzas,
al que ya no quieres
ni necesitas
ni echarás de menos.
Veo tu miedo saltar por la ventana,
caer en picado hacia su asesino,
tu amor ciego,
deborador gozoso.

Siento tu aliento
en mi cuello
envenenado de deseo,
y lo tiento,
lo busco,
lo intento
y no lo encuentro.
Siento tus manos
aquí y allá,
donde no andan pero desean,
donde pasean tímidamente,
donde se prohibe, juega;
donde deja, aprovechadas.
Siento tu calor,
ferviente,
elocuente,
necesitado de lujuria,
de incompasión.

Y de pronto
eran las sábanas tu calor,
y mi pelo tus manos,
y el sudor tu aliento,
los que me susurraban
más allá de un sueño
el deseo más profundo.
Y de pronto
eran esas escaleras
de terciopelo rojo,
de oro envejecido,
de luz celestial,
donde me tendías
con un beso apasionado.

Y fue de pronto cuando recaí,
que ni tú eras tú,
ni yo era yo,
ni el diablo me quería,
ni los sueños se cumplían.