martes, 12 de diciembre de 2017

Floristas vitales

Florece en mi alma una camelia
cada vea que vienes a rondar,
se posa indecisa entre mis entrañas,
se rodea de abominables verdades
y nos mira a la cara con sorna,
con la victoria en la boca
de quien se sabe venenosa y bella.
Se marchitan a la par las rosas
si decides que mirarme es el modo de jugar,
si te arriesgas a pincharte
con tus propias espinas de contrariedad,
y se retuercen los sentimientos un poco más,
se asemejan a cada segundo que pasa
a otra locura, a la más absoluta excentricidad.
Resurge como el ave fénix el azahar,
ante tus ojos anonadados,
pide a gritos descolgarse del tren vital,
sogas engalanadas de verdes tempestades,
y devuelves las miradas con intención fatal,
porque, ¡ay si fuera por ti!,
no crecería en esta vida ni césped en nuestro jardín.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

No te deseo nada

Ojalá, en un alarde de justicia,
el destino decida ponerte en tu lugar,
te coja por sorpresa,
te devuelva al polvo,
al nivel del mar.
Ojalá algún día lo sepas,
que haces daño al pasar,
que nadie soporta tus miradas,
el frío de los besos gélidos,
el eco de tus pasos al caminar.
No te deseo nada en especial,
es por ello que este poema
es lo peor que podrías esperar:
ojalá no te pase nada nunca,
ojalá tu vida se congele en un instante letal.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Incoherencias varias

Refugiémonos en las calles
abarrotadas de la nada,
llenas de silencio,
inundadas de la más absoluta soledad.
Corramos sin demasiada prisa
a donde se encuentran los desconocidos,
a la luz de las sombras,
al abrigo de la tosquedad de esta playa.

Hagamos que el tiempo se persone,
que no sepa su ritmo,
que pierda el compás de las manecillas,
que se atragante con las campanas de las doce.
Invoquemos a su más odioso enemigo,
invitemos a la noche en un descuido,
que se ofusque por descontado,
que arroje la lógica contra el salón.

Sentemos cátedra con esta idiotez,
que el poder se quede impotente al mirarnos,
que se impacienten las salas de espera,
que sea el sprint más lento del mundo.
Conferenciemos con ignorancia a los doctores,
miles de vademecum en busca de pandemias,
que curen esta enfermedad que no existe,
que me extirpen el trozo de alma que me queda.

Tachemos los festivos del calendario,
que sean todos los días de funeral,
que sean los laborables los días de batalla,
que los abrazos cuenten como puñaladas a traición.
Pongamos a enfriar los sentimientos,
y dejemos expresarse a las copas llenas de champán,
que se aireen las lágrimas de reserva,
que sea el vino nuestra tinta más letal.

Seamos aún más incoherentes,
que blanco y ocre sean lo mismo,
que no se distingan el día y la noche,
que sea el arcoiris de mil tonos de azul.
Tiremos toda cordura al límite espacial,
infinitesimal la distancia tangente a lo correcto,
que sean contables las estrellas,
imposibles de numerar los silencios promediados.

Volvámonos locos por ser cuerdos,
que la libertad sea una sentencia a muerte,
el patíbulo una cama de rosas,
las nubes las espinas más puntiagudas,
que se sumen los dividendos,
que la raíz de nosotros siga siendo dos,
que sea exponencial la manera de mirarnos,
que la ecuación nos junte de una vez el corazón.

martes, 28 de noviembre de 2017

Guiones

Pasa a veces,
en este teatro que es la vida,
que se cambian los papeles
de quien tenía el porvenir
en los brazos de agua cristalina,
y cae por gravedad,
por fluidez natural y esperada,
crea un estropicio,
un desorden megalomagno,
y se libra, por un instante,
del destino, adivino del azar.

Se pierde el guión por un instante,
se evapora el telón,
se hacen escarcha los deseos
y los planes se destrozan
al ritmo de la lluvia
contra el metal de nuestro tejado,
cobre barato cubriéndonos las espaldas;
se destrozan las letras
y ya no hay párrafo que lo remedie,
se ha llevado a los confines del abismo
de esperanza el último resquicio.

Ya en la oscuridad
del camerino destartalado,
de la silla rota
y el tacón desparejado,
repasa el actor sus líneas,
ahora extrañas y desconocidas amantes,
por ahorrarse la sorpresa
de un nuevo revés enrevesado
que le lleve al más estrepitoso de los fracasos,
de vuelta a la pregunta incesante,
al frío de un público indiferente.

Un acto más
y le rompen los esquemas,
personaje inesperado,
entra en escena,
otra floritura de los focos,
un alarde de personalidad exhacerbada,
cubre el traje las heridas
de batallas en escenas anteriores ya perdidas,
seguido de un momento de lucidez, de cordura,
terror fundamentado en lo desconocido,
miedo al ahora.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Meterologías

Buscamos en las nubes
una razón de coexistencia,
un encuentro fortuito
con la verdad más estrepitosa,
con la catástrofe natural
del huracán que generaba mi falda
al cruzarse con tus ojos de tormenta
en un pasillo de la vida al azar.

Intentamos retener
las constelaciones del cielo en verano,
encapsuladas en las córneas
y avivadas con recuerdos
de besos y caricias pasados.
Intentamos guardarlas
como los tesoros crepusculares
de brillo infinito, de incesante belleza,
en cofres del marfil de tu piel nívea,
en fotografías del agua del mar perturbada.

Buscamos en lo inconexo
un patrón del azar meteorlógico,
una intención más allá de las formas,
con la corrección social como bandera,
con la certeza absurda
de la predicción del sol en tus lunares
al caer la tarde se nublaba nuestro letargo,
un adiós a la infinitud del tiempo.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

El juicio

A veces recurren,
como abogados del diablo,
mis pensamientos
a lo que siento por ti,
se plantan ante el juez,
que acaba siendo la razón perdida,
y emiten improperios
contra mi persona,
mi sentido de lo correcto
y la poca cordura que me queda.

Se decanta el proceso
hacia lo que parece
una condena sin fianzas,
llevada a la perpetuidad,
una celda oscura sin salida,
un sentimiento general de culpabilidad.

Levantóse el jurado,
decidido a mencionar
lo que temía desde el principio,
una manera cruel y sin piedad,
distrito sin razón y verdad,
un homicidio consumado con una puñalada más.

A veces, cuando esto pasa,
como salidos de la nada,
mis sentimientos
escapan a tropel por la ventana,
se intentan abalanzar sobre ti,
que acabas siendo cárcel dulce,
y se sienten liberados
de toda atadura o máscara,
mis mordazas para no quererte,
evitar amarte hasta que el mundo muera.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Cuando tú y yo sea nosotros

Cuando tú y yo sea nosotros
se pararán las campanas,
repicarán las cacerolas
en nuestro nombre,
indivisible y eterno.

Cuando tú y yo sea nosotros
no ocurrirán más guerras
de bandos absurdos,
de golpes por llanuras solitarias,
áridas y desamparadas de todo amor.

Cuando ese tú pierda el ego,
deje de lado la absurda servidumbre,
se llene de equivalencias doradas,
de besos sinceros a los golpes del piano,
sofocados sólo por el crepitar de nuestro fuego,
ahogados en las caricias que nos damos.

Cuando este yo sin corazas
se quede sin argumentos
para darle la espalda al corazón,
y te devuelva las miradas
con la alevosía de un crimen pasional
y con la inocencia de los hijos que no tenemos.

Cuando nosotros sea el todo,
aquello inamovible que nos quema,
profundo y sin recovecos,
sin esquinas en las que escondernos,
sino un páramo verde,
la tormenta de tus manos sobre mi espalda,
las constelaciones de tus lunares,
y las lunas de tus ojos como testigo.

Cuando el nosotros sea el todo,
nuestra posesión más preciada,
entonces, y sólo entonces,
diremos adiós a lo pasajero,
como amigos en los bares,
para dar paso a lo sencillo,
lo antes remoto, nosotros.